#5 “Sí, solo tardó 87 años y que yo estuviera muriéndome para que esto pasara”

Cuando mi abuela falleció el verano pasado, la llevé al hospital con mi tía. Enviaron a un enfermero muy guapo y corpulento para que la recogiera (tenía 87 años y estaba muy frágil en ese momento) y la llevara a su habitación. Mi tía, siempre dispuesta a aligerar la situación, dijo: “¡Oh, abuela, mira qué hombre tan guapo te lleva a la cama!”. Juro por Dios que mi abuela dijo: “Sí, solo tardó 87 años y que yo estuviera muriéndome para que esto pasara”. Era un alma hermosa. Eso fue lo último que la escuché decir, y estoy muy feliz de haber compartido una última carcajada con ella.