Los primeros septillizos supervivientes del mundo ya son adultos
Conozca a los increíbles padres

Bobbi y Kenny McCaughey estaban radiantes de felicidad cuando su hermosa hijita llegó en 1996. Teniendo en cuenta que Bobbi había estado lidiando con problemas en la glándula pituitaria —una afección molesta que no ayuda precisamente cuando intentas tener un bebé—, vieron a su pequeña Mikayla Marie como nada menos que un milagro envuelto en una manta rosa.
Pero no estaban listos para colgar el bolso de los pañales todavía. Llenos de esperanza e inspiración, los McCaughey comenzaron a soñar con expandir su familia. Un hijo estaba genial, pero tenían espacio en sus corazones (y pronto, como resultó, mucho más espacio en su hogar) para más.
Buscando tratamiento de fertilidad

Sabiendo que hacer un bebé no fue exactamente fácil la primera vez, Bobbi y Kenny decidieron buscar refuerzos médicos para el segundo. No había necesidad de depender de los buenos deseos cuando la ciencia estaba ahí con un recetario.
Su médico les recetó Metrodin, un medicamento que ayuda a estimular un poco la ovulación. Bobbi diligentemente comenzó a tomarlo, esperanzada de que esta sería la clave para añadir un McCaughey más a la familia. Poco sabían… la cigüeña tenía algunas horas extras importantes preparadas.