34. Una vez pateé una almohada que estaba en el suelo después de que mi equipo de fútbol perdiera.

Mi pie siguió la trayectoria y terminó justo en la esquina de un sofá. El dolor fue insoportable y no pude caminar durante días. Por suerte no me rompí el pie. Pienso en ello cada vez que me altero por algo estúpido como eso y me calma.