#12: Barcelona
Al salir de la Plaça de Catalunya, Barcelona me hizo sentir de inmediato como si estuviera coqueteando conmigo: las curvas imposibles de Gaudí en cada edificio, las palmeras meciéndose y el mar a un corto paseo.
La vida en la ciudad transcurre al aire libre: largas rutas de tapas donde los platos no dejan de llegar, cervezas en la playa al atardecer y gente local que discute de fútbol o arte con la misma pasión. Es creativa, cálida e innegablemente vibrante.