Descubriendo las costumbres más extrañas de figuras históricas que te dejarán boquiabierto

El Miedo de Napoleón a los Gatos

A pesar de comandar vastos ejércitos y remodelar Europa, Napoleón Bonaparte albergaba un miedo bastante poco heroico: la ailurofobia, o el miedo a los gatos. Aunque las leyendas difieren en la intensidad, múltiples relatos sugieren que entraba en pánico visible en presencia de un felino. Este miedo irracional a una criatura por lo demás inofensiva contrasta de forma peculiar con la personalidad de guerrero intrépido por la que a menudo se recuerda a Napoleón.
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Algunos historiadores creen que su aversión a los gatos pudo haber surgido de un trauma infantil, mientras que otros piensan que estaba ligada a la superstición común del siglo XVIII que asociaba a los gatos con las brujas. De todos modos, resulta divertido pensar que, mientras las balas de cañón y los levantamientos no podían con él, un gato ronroneando podría hacerle huir.
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La obsesión de Ludwig van Beethoven por el agua

Beethoven no solo estaba obsesionado con la música, sino también con el agua. El legendario compositor tenía la extraña costumbre de verter jarras de agua sobre sus manos varias veces al día. También insistía en contar exactamente 60 granos de café para cada taza de café que bebía, pero esa es otra excentricidad completamente diferente.
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Su compulsivo lavado de manos podría haber sido una señal temprana de TOC o simplemente una peculiaridad personal. Algunos especulan que sus rituales le ayudaban a mantenerse centrado mientras lidiaba con la agitación emocional de la sordera. Sea cual sea la razón, las extrañas rutinas de Beethoven pintan un retrato más complejo, y extrañamente cercano, del genio atormentado.
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