#2: Tiburón
Tiburón, de Steven Spielberg, hizo que ir a la playa pareciera apuntarse a un buffet de tiburones. Un gigantesco gran tiburón blanco aterroriza un tranquilo pueblo costero, empujando a un jefe de policía, un biólogo marino y un pescador curtido a una desesperada caza en barco que redefinió los éxitos de taquilla del verano.
El simple tema de dos notas se convirtió en sinónimo de una perdición inminente, demostrando que no se necesitan efectos sofisticados, solo un suspense inteligente y el vasto y aterrador desconocido del océano, para mantener al público agarrado a sus asientos.